Por qué leer El balcón de Julieta, de María Sanz Casares

Alfonso Martín Jiménez

Catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada

(Extraído de la presentación de la novela el 30 de septiembre de 2022 en Espacio Abierto

Quien como yo haya leído La expectación de Tarun Mishra de María Sanz Casares, publicada en 2020 y 2021 por Ediciones Universidad de Valladolid, no puede dejar pasar por alto El balcón de Julieta, su nueva novela. Como dije sobre ella en la presentación en la Feria del Libro de Valladolid 2021, La expectación de Tarun Mishra es una novela fascinante, muy bien escrita, que atrapa la atención del lector de principio a fin por su sutileza, por lo bien construida que está, por sus recursos tan interesantes como el uso de diálogos sumamente ingeniosos o la transcripción de los mensajes de correo electrónico que se cruzaban los protagonistas de la novela. Ahora nos encontramos que en El balcón de Julieta el uso afortunado de esos recursos se incrementa. Aquí también se narran varias historias de amor con diversos tipos de complicación, como el estar implicadas más de dos personas o haber distancia de por medio. En el trascurso de la novela se nos van revelando las diversas experiencias amorosas de su protagonista, Sofía; unas suceden en tiempo real; otras las cuenta ella misma mediante analepsis o vueltas al pasado. Y como esas relaciones están narradas con maestría y con indudable interés, el lector asiste expectante a esas relaciones amorosas de Sofía y su búsqueda de estabilidad, que nos mantiene pendiente de ella hasta el final.

A pesar de que El balcón de Julieta es una novela larga, de casi seiscientas páginas, es una de esas novelas que el lector no quiere que se acaben nunca porque está disfrutando cada página de su lectura y preferiría prolongar su placer. Y eso es así por la continua y rica variedad en su argumento, en los registros narrativos y en sus recursos literarios, lo que unido a la originalidad de los diálogos y de los mensajes que se cruzan los protagonistas, mantiene en todo momento la atención del lector hasta el desenlace final.

El tema central de la novela, las relaciones de Sofía con Javier, un hombre casado que no quiere renunciar a su matrimonio, puede parecer de entrada un tema tradicional de conocidas novelas o películas, algunas de las cuales la propia autora señala ya sea en boca de la voz narrativa o de la protagonista. Pero muy pronto vemos que María rompe este cliché de hombre dominante en un triángulo amoroso, en cuanto que su protagonista femenina asume el control de sus relaciones, algunas de ellas tan profundas e intensas que se vuelven demoledoras. De esto precisamente nos advierte María en la propia dedicatoria, donde nos da una clave esencial de la novela al orientar al lector sobre la forma en que ha de interpretar “…Una historia de reencuentros y despedidas que se perpetúan sin visos de colofón y que desgastan la energía vital. Amores que no deberían existir”. Detrás de esta muy meditada e provocadora dedicatoria subyace la aparente paradoja de indicarnos que vamos a asistir a la narración de un tipo de amor que no debería existir, pero, precisamente porque existe, nos impele a querer conocer las particularidades de ese tipo de amor hasta atraparnos en su lectura.

Lo que subyace es valentía por parte de Sofía, acostumbrada a llevar las riendas de su vida y de sus numerosas relaciones amorosas, y la cobardía por parte de algunos de sus amantes, como la del personaje más destacado, Javier, instalado en su “zona de confort”, la cual irónica y paradójicamente, le resulta inestable e incómoda. Y es este choque entre la fuerza y la vivacidad de la protagonista femenina y la cobardía de su enamorado masculino lo que determina la relación entre ambos. Hoy en día diríamos que es una relación tóxica, cuyo desarrollo y colofón está analizado al milímetro desde dentro y desde fuera, a través de las ya mencionadas ingeniosas conversaciones y mensajes íntimos, a los que se suman otros recursos literarios como sus numerosas y apropiadas citas de canciones, poemas, libros o imágenes de cuadros. De hecho, cada capítulo comienza con un epígrafe –o breve cita– tomado en su mayoría de conocidas letras de música pop con las que María sintetiza e ilustra la idea general de cada uno hasta el punto de que la música consigue determinar la personalidad de sus protagonistas. Además, dado que estas referencias suelen ser de canciones ampliamente conocidas, los lectores no podemos dejar de identificarnos con ellos. Así que las referencias a la música incluidas en la novela se convierten en canciones que nos conciernen, que nos redefinen el devenir de la historia.

Este recurso de ensamblar referencias musicales, de poesía, de películas o libros le resultará especialmente interesante a las personas que fueron adolescentes en los años 70, y más aún si son de Valladolid, porque en la novela no solo hay referencias a canciones de aquellos tiempos, sino también a muchos acontecimientos culturales que tuvieron lugar a partir de los años 80 en esta ciudad, como el estreno de determinadas películas. Así, el lector vallisoletano que, como yo, ya tiene una edad, se emociona cuando se narra el momento en el que se estrenaron en Valladolid, con años de retraso, películas como Ludwig, de Visconti, que recuerdo que fui a ver al antiguo cine Castilla, o El último tango en París, de Bernardo Bertolucci, que pude ver en el Teatro Zorrilla. Y, como estas, hay muchas otras alusiones a acontecimientos históricos o culturales del Valladolid de la década de los 80 que hacen revivir al lector sus propias experiencias. En este sentido, creo que la novela puede interesar a cualquier lector, pero no cabe duda de que le interesará mucho más a los lectores vallisoletanos que vivieron muchos de los acontecimientos que se describen.

En cuanto a la acertada técnica narrativa, hay un narrador externo que focaliza a través de Sofía, la protagonista, pero que cede a menudo la voz a otros personajes para que estos expresen por sí mismos sus propias ideas o pensamientos. Para ello María nos hace oír la voz de los personajes para que los conozcamos de primera mano tanto a través de sus frecuentes diálogos, siempre ingeniosos e interesantes, como de formas alternativas: mensajes de correo electrónico o SMS. En este sentido, la novela establece una relación con la novela epistolar tradicional, pero sustituyendo las cartas tradicionales por los modernos mensajes virtuales, que aportan frescura y espontaneidad a El balcón de Julieta. Cada día, Sofía y Javier se cruzan ingeniosos y apasionados mensajes con los que tratan de seguir seduciendo y sorprendiendo al otro. Y es en este punto donde la autora juega magistralmente con el lenguaje, con los dobles sentidos, con los distintos registros, a veces un lenguaje pretendidamente infantil, otras veces poético, otras técnico, o periodístico, o bien se compara a Sofía con diferentes protagonistas de cuadros famosos, lo que incita al lector a mirar en internet. Así que la originalidad de esos mensajes mantiene en todo momento la atención del lector.

Es decir, que se trata de un tipo de relación sentimental muy actual a través de la moderna tecnología, y para lo que los angloparlantes han acuñado el término ‘sexting’, que proviene de la unión de ‘sex’ y ‘texting’, o sea el envío de contenidos eróticos por medio de texto email y SMS. La comunicación a distancia en la literatura tradicional -algo frecuente– se hacía a través de cartas y correo postal, con lo que se perdía la inmediatez de las conversaciones telefónicas y del intercambio de SMS y WhatsApp que permite la tecnología actual. Así que, sin duda, se trata de una relación propia de nuestro tiempo.

Otro de los aspectos destacados de la novela es la descripción de los pensamientos, de las emociones e incluso de los deseos sexuales de una mujer, Sofía, y el modo en que esa visión de la sexualidad femenina está plasmada por otra mujer, la autora María Sanz Casares. Acostumbrados a las novelas tradicionales escritas por hombres donde se nos dejaba la sensación de que a las mujeres se les había hurtado la posibilidad de describirse a sí mismas, El balcón de Julieta afortunadamente pone las cosas en su sitio: el que su autora sea mujer describiendo las sensaciones de las mujeres que la protagonizan otorga a la novela mayor veracidad e interés.

Aunque hasta ahora nos hemos centrado en relaciones amorosas, no podemos dejar de resaltar el placer que nos proporciona el escuchar las conversaciones entre amigas, que hablan con toda libertad sobre la vida, sobre las relaciones de pareja, sobre las apetencias sexuales femeninas, lo que hace de esta novela una novela de amistad entre mujeres. Así sus personajes son absolutamente vívidos, rotundos. Baste tomar como ejemplo a Isabel, un personaje secundario, una de las amigas de Sofía, quien, salvo en el hecho mismo de la amistad inalterable, presenta una evolución, una madurez necesaria para hacernos entender no sólo a ella misma, sino a la propia protagonista. Por ejemplo, al principio actuando desde la inmadurez pero desde el amor hacia Sofía, se muestra muy crítica con Sofía, con su novio, con su modo de vida “errante”, con su sexualidad… hasta que al final da un giro y acaba confesando cómo ahora envidia de su amiga lo que tanto criticaba, en lo que es un ejemplo de las vueltas que puede dar la vida. Esta es solo una de tantas paradojas de la existencia sutilmente retratadas que muestran el distinto rasero que empleamos para juzgar a los demás y para juzgarnos a nosotros mismos.

Sutiles y numerosas son también las llamadas de atención a la obra shakesperiana de Romeo y Julieta y a las escenas en el balcón, de donde deriva el título. Pero, si la obra se lee deprisa, es solo al final donde se comprende plenamente el porqué de ese título, manteniendo al lector primero expectante, luego satisfecho. Otro de sus aciertos.

En definitiva, se trata de una novela muy bien escrita, que nos habla sobre amores imposibles y sobre el valor de la amistad, que presenta unos diálogos sumamente originales y atractivos, que tiene una trama variada y muy bien sostenida, y que se lee con enorme placer y facilidad, por lo que resulta muy recomendable, y por cuya elaboración hay que felicitar a María Sanz Casares.